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Anorexia Espiritual

En la calle me entregan volantes sobre “videntes naturales”, “Terapias alternativas”, “Unión de parejas”, “Armonización Energética” y quien sabe cuanto más.  Consultar parapsicólogos y brujas se ha vuelto popular.  Tengo la sensación de que hay hambre.  Se siente el hambre, se palpa la búsqueda.
Una médica amiga ésta mañana me paro en un pasillo de la clínica para pedirme que escriba y publique algo en esta revista.  ¿El tema sugerido? “-La falta de paz, la ansiedad, la locura en la que vivimos, no se, algo sobre eso escribí...  te digo que me pregunto qué les pasa a mis pacientes (va! que nos pasa a todos!), cada vez estamos más violentos, menos respetuosos, nos cuesta cada vez más el trabajo con el otro…-” me decía preocupada. 
Algo no está bien.  Algo dejó de funcionar.  Algo debe suceder y pronto.  Lo sabemos.  Lo presentimos.  Estamos buscando algo y experimentamos la frustración de no encontrarlo.  El vacío se hace patente.
 
Cuando el día acaba y el movimiento cesa, cuando el ruido es remplazado por el silencio, entonces el hambre toca la puerta una vez más.  Podemos olvidarlo mientras nos ocupamos de mil cosas, podemos ahogarlo bajo el sonido de la radio y el ipod.  Podemos llenarnos los ojos de pantallas planas con cada vez más pulgadas.  Pero en algún momento nos alcanza.  Y hasta a veces, en el silencio de la noche, vuelve a dejarnos sin dormir.
Es hambre, puro hambre.  Y el hambre molesta.  Las dietas serias no te niegan el comer, pues saben que estarían condenadas al fracaso.  No se puede escapar del hambre y aún más, llega la hora en que se convierte en dolor.  Sí, es verdad: duele el vacío en el estómago, y el vacío en el alma angustia.  La anorexia espiritual nos flagela cada vez más a menudo.
 
He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. (Amos 8:11 La Biblia)
 
Dice Dios, en la Biblia, que mandará un tiempo en que habrá hambre, pero hambre de la palabra de Dios.  Hambre de una experiencia de cercanía con la palabra, y con Cristo que es esa palabra hecha carne.  Hambre de ver la gloria de Dios.  
Hay un cuento que contó Jesús el cual es muy conocido y relata como El hijo pródigo tuvo hambre, y eso lo llevó de vuelta a la casa del padre.  Dice la historia que cuidaba cerdos y comía lo mismo que ellos.  Y una noche maloliente, nauseabundo y avergonzado decidió que ya era suficiente.  Porque las algarrobas de los cerdos no sacian el hambre, solo llenan el estómago.  Las luces brillantes de la noche,  luego te dejan con la resaca del vacío, con tu soledad, y nuevamente con hambre.
El mensaje de Dios es: “en mi casa hay un banquete esperando”.  La fiesta es en casa, en la tuya y la mía.  En la que “moraremos para siempre” (Sal 23:6) dicen los salmos que la fiesta es la casa de Dios!
Y es gracias a Dios que podemos dejar de alimentarnos con las “algarrobas de los cerdos” (Para leer el cuento completo de Jesús y entender sus detalles, Evangelio Según San Lucas, Capítulo 15 de la Santa Biblia).
 
Ya es tiempo de plantearse el dejar la búsqueda y encontrarse con el corazón de Dios.  Allí abunda todo lo que hace bien y llena por dentro.  Allí Dios llena el alma de bien y de sentido.  A la mesa de Dios no hay peligro de colesterol o sobrepeso, el peligro es comer de otras mesas y perderse de experimentar el banquete del alma que se encuentra servido en la gran mesa de Dios.  Allí estamos todos invitados.
 
(Para recibir orientación espiritual o leer la Biblia en forma terapéutica, acérquese a la oficina de capellanía o escribanos a Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.)
 
 
Lic. Néstor Bruno
Psicólogo y Pastor (Capellán Clínica Adventista Belgrano)
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